MI
CASA, TU CASA
Axa Macedo Martínez
¡Bienvenidos a esta su casa!, estas fueron las
palabras que escuche cuando llegamos de visita a la casa de unos hermanos en la
fe, que recién mi esposa y yo empezamos a visitar. Ellos tienen poco tiempo de
conocer de Cristo, pero están sumamente convencidos de seguir a nuestro amado
Señor. Es de mucho gozo, para un siervo del Señor ser bienvenido a una casa, y
sobre todo que se reciba la palabra de Dios en una familia.
En estos últimos
meses, dentro de nuestro ministerio, estamos observando las maravillas de
nuestro amado Señor Jesucristo en las vidas de cada familia y de cada miembro
de ellas. La restauración de los matrimonios, la sanidad de los corazones, el
cambio financiero y por supuesto la convicción de fe en Cristo Jesús. Gloria a
Dios, pues su palabra tiene cumplimiento siempre.
Ser bienvenido a
casa es de ánimo y buen sentir, pues sabes que hay un lugar donde eres
bienvenido. Es como que después de un largo día de caminar y andar en medio de
una gran batalla cotidiana, sabes que hay un hogar a donde volver y descansar
de esta dura batalla que se vive fuera. Saber que hay un refugio que te espera
para recobrar nuevas fuerzas y volver a salir el siguiente día, para volver a
la batalla.
Pero se ha vuelto
tan común decir: “mi casa que es tu
casa”, o también decir “esta mi casa,
que es su pobre casa”; como un acto de buenos modales y de educación, como
parte del protocolo social, el ofrecer tu casa a alguien más.
¿Que es lo que realmente ofrecemos o se nos
ofrece cuando se nos brinda una casa? La gentileza y la buena educación nos ha
hecho descuidar este aspecto y nos ha llevado a recibir en casa cantidad de
problemas que no sabemos ni de donde han venido. ¿Esta nuestra casa lista para
recibir todo lo que llega?, y si no lo está, preparémonos pues, pues no
deberíamos cerrar las puertas, quizás sin saberlo hemos hospedado ángeles. “No os olvidéis de practicar la
hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles Hebreos 13:2”.
Hoy quiero compartir
con ustedes amados amigos, hermanos y lectores, respecto a este tema; ¿con quién
estamos dispuestos a compartir nuestra casa?, y sobre todo ¿a quien le damos la
bienvenida a casa?, alistémonos para ser hospedadores, pero con sabiduría, sin
hacer acepción de personas, pero cerrando las puertas la mal.
Conozcamos más el
concepto bíblico de hospitalidad:
HOSPITALIDAD: En el oriente se ha considerado desde
siempre como un sagrado deber acoger, alimentar, alojar y proteger a todo
viajero que se detenga delante de la tienda o del hogar.
El extraño es tratado como huésped, y los que de esta
manera han comido juntos quedan atados por los más fuertes lazos de amistad,
confirmados por mutuos presentes y pasados de padre a hijo.
La ley de Moisés recomendaba la hospitalidad:
“Al contrario, tratadlo como si fuera uno de vosotros.
Amadlo como a vosotros mismos, porque también vosotros fuisteis extranjeros en
Egipto. Yo soy el Señor y Dios de Israel”.
Levítico 19:34
que era también para los griegos un deber religioso.
La manera actual de actuar entre los árabes es algo que
recuerda las más antiguas formas de hospitalidad hebrea. Un viajero puede
sentarse ante la puerta de alguien que le es perfectamente desconocido, hasta
que el dueño de la casa le invite a cenar. Si prolonga su estancia por algo de
tiempo, no se le hará pregunta alguna acerca de sus intenciones; podrá partir
en cuanto quiera sin más pago que un «¡Dios sea contigo!».
Con el crecimiento de la población hebrea se vio la
apertura de numerosos mesones, pero la hospitalidad familiar persistió igual.
Hay en la
Biblia numerosos ejemplos de ellos. Demostrando la
importancia de ser hospedador. En el nuevo Testamento el Señor Jesucristo
platica una historia acerca de un hombre que no le importó la ley de la
hospitalidad. El rico malvado de Lucas 16:19-25.
En el griego, el
término «hospitalario» es «philoxenos», que significa amigo de los extraños;
veamos dos ejemplos donde se utiliza este vocablo:
“sino hospitalario,
amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo,” Tito 1:8
“Sed hospitalarios los unos para con los
otros, sin murmuraciones”. 1 Pedro 4:9
La hospitalidad es «philoxenia», amor a los extraños,
dice la Biblia
al respecto:
“contribuyendo para las necesidades de los santos,
practicando la hospitalidad”. Romanos
12:13
“No
os olvidéis de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin
saberlo, hospedaron ángeles” Hebreos
13:2.
Este deber es
tanto más llevadero cuanto que le acompaña una maravillosa promesa, los hebreos
(el pueblo escogido por Dios) y los cristianos del primer siglo, sabían que una
instrucción con promesa, siempre tiene cumplimiento en su bendición, y
practicaban la hospitalidad sabiendo que en ello también estaba su bendición:
“El que os
recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me
envió. El que recibe a un profeta como profeta, recibirá recompensa de profeta;
y el que recibe a un justo como justo, recibirá recompensa de justo. Y
cualquiera que como discípulo dé de beber aunque sólo sea un vaso de agua fría
a uno de estos pequeños, en verdad os digo que no perderá su recompensa”.
Mateo 10:40-42.
Habiendo leído lo
anterior, podemos decir entonces que ser hospitalario, y recibir a otros en
casa es una bendición. Pues esto es cierto, pero es necesario saber que debemos
de prepararnos para poder brindar la hospitalidad a quienes lo necesiten.
No es
necesariamente tener a la gente en casa, durante tiempo indefinido para ser
hospitalario y cumplir con esta instrucción del Señor. Como ya vimos, ser
hospitalario (philoxenos) es ser
amigo de los extraños; nuestra hospitalidad se ve reflejada en todos los actos
de nuestra vida.
Estos son 7 puntos
acerca de las características de un hospedador
1.- Yo y mi casa.
Antes de abrir las
puertas de tu casa a quienes lo necesitan, es necesario que te prepares. Y en
lo primero que tienes que prepararte es en definir a quien vas a servir, porque
no podemos servir a dos señores, es por ello que Josué, un hombre de Dios,
habla a la nación de Israel y define claramente cual es su postura ante Dios:
“Si no desean servir al Señor,
decidan hoy a quien servirán, ya sea a los dioses a los que sus antepasados
servían al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos en cuya
tierra viven. Pero yo y mi familia serviremos al Señor”.
Josué 24:25
Cuando en una
familia, u hogar, tienen muy bien definidas sus convicciones, y ha decidido
servir a Dios, no serán conmovidos por las circunstancias; y mucho menos por
los comentarios de quienes se acerquen a sus vidas.
La nación de Israel
era conocido por su disposición para hospedar, pero se olvidaban de los mas
importante: “amar a Dios sobre todas las
cosas”. De manera que podemos en las palabras de Josué, que la nación había
distraído su atención a los dioses falsos de las otras naciones. Pudieron haber
sido los más hospitalarios de su tiempo, pero desviaron su convicción. Por eso
es necesario establecer bien en claro la decisión de servir y seguir a Cristo.
En su tiempo, buscaremos
hospedar o ayudar a otras personas que sabemos necesitan de Dios, pero ellos
quizás no tengan la mas pequeña intensión de recibirle, y si nuestras
convicciones no son claras, seremos movidos en nuestra fe.
Decidir seguir y
servir a Dios, es lo que determinara, la firmeza en nuestra disposición para
ser hospedadores. He visto a muchas personas que en su afán de hospedar, no
habiendo definido su convicción, terminan heridos y lastimados por sus
huéspedes, y al final culpan a Dios por lo que les ha sucedido. O todo lo
contrario, al querer hospedar y hacerlo solo por reconocimiento humano, sin
tener convicciones firmes, se vuelve un arma de dos filos que puede lastimar al
huésped.
Preparemos para ser
hospitalarios, y preparemos a nuestra familia al respecto. Josué dijo: “yo y mi casa”, si has decidido seguir a
Cristo, oremos para que sea nuestra casa entera la que decida hacerlo también.
2.- Edifica tu casa
Cuando pensamos en
formar un hogar, sabemos que es un arduo trabajo que se consigue en equipo. En
el matrimonio es importante estar de acuerdo para poder caminar juntos hacia un
mismo propósito: “construir un hogar feliz”
Por esta razón es
que debemos de ocuparnos en edificar nuestro hogar. Y debemos empezar desde
tener los cimientos correctos, y levantar un hogar que perdure. El Señor
Jesucristo enseño a través de una parábola acerca de edificar con los cimientos
correctos, enseñando que el que pone por obra (es decir, que hace) lo que la
palabra de Dios dice, entonces es un hombre sabio que edifico correctamente su
casa (Mateo 7:24-29).
Tenemos que
establecer los cimientos correctos, pongamos por obra las palabras de nuestro
Señor Jesucristo, seamos sabios y entendidos que esto hará de nuestra casa, un
hogar más firme y duradero.
“Con sabiduría se edificará la
casa, y con prudencia se afirmará”; Proverbios
24:3
Cuando hablamos de
ser hospedador, es necesario utilizar la sabiduría y la prudencia, y saber que
no a todas las personas podemos brindarles nuestra total confianza para recibirlos
con tanta libertad. No estoy diciendo que debemos hacer acepción de personas,
no me refiero a eso, sencillamente quiero decirle a usted amado lector, que
Dios le ha dado la sabiduría para cuidarse de aquellos que con apariencia de
ovejas pero que solo son lobos rapaces listos para destruir su hogar.
La palabra de Dios
es nuestro mejor manual de sabiduría para toda la vida, son palabras de vida
para todos aquellos que han decidido ponerlas por obra, siendo hacedores de
ella y no solamente oidores.
¿Cuáles son tus
cimientos en casa?, ¿sobre que estas edificando a los tuyos?
3.- El invitado especial.
Aquellos que ha
recibido a Cristo en su corazón, saben que quien habita su vida y reina en su
ser es nuestro amado Señor Jesucristo, y que Él siempre será nuestro invitado
especial.
Esto es
maravilloso, saber que tenemos un salvador, que ha prometido estar todos los
días con nosotros hasta el fin del mundo.
Pero me parece
irónico, que Aquel que gobierna nuestra vida, no sea bienvenido a nuestro
hogar. Cuando estamos esperando a un invitado en casa, procuramos tener en
orden la casa, preparamos los mejores alimentos, damos instrucciones a los
niños para que tengan su mejor comportamiento, y reservamos el mejor lugar para
él. Pero Jesucristo quiere estar en nuestra casa todos los días, Él quiere
venir y habitar en nuestro hogar, formando parte de lo que acontece cada día,
no solo en los sucesos de ocasión.
Él está llamando a
la puerta, no solo del corazón, sino a la de tu hogar, ha decido estar contigo
todos los días de tu vida, has visto cómo puede transformar tu vida,
seguramente también puede hacerlo en tu casa, pues lo que es imposible para el
hombre, es posible para Dios. Lo que necesita ser ajustado, se ajustará a su
voluntad.
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“He aquí, que yo estoy parado a la puerta y
llamo; si alguno oyere mi voz, y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con
él, y él conmigo”. Apocalipsis 3:20
Querido amigo y
lector, si tú no has abierto tu corazón a Cristo, y te gustaría hacerlo ahora,
repite ahora mismo esta oración: “Amado
Señor Jesucristo, vengo delante de ti para pedirte me perdones de todos mis
pecados, me arrepiento de ellos, te pido me laves y me des vida nueva. Renuncio
a mi vieja manera de vivir. Te entrego mi vida, mi corazón y te recibo en él
como mi Señor y mi Salvador, Dame la vida eterna. En el nombre de Jesucristo,
Amén”.
4.- Cierra tus puertas.
Hemos estado
hablando acerca de ser hospitalarios, y de ayudar a aquellos que lo necesiten.
Pero también he dicho acerca de ser sabios y prudentes.
El ser hijo de
Dios, no nos hace ser vituperados por quien no quiere ser ayudado y mucho menos
creer en Cristo.
En muchas ocasiones
suceden daños a quienes han decidido brindar su ayuda a otras personas, por
causa de que la supuesta persona desvalida, no resulto serlo tanto, y por ello
toman ventaja de los hijos de Dios, que tratando de cumplir con el mandato de
ser hospedador y de ayudar al desvalido son timados, engañados y en algunos
casos robados. Si este es tu caso, no te sientas mal, te garantizo que no eres
el único. Esta no es una razón para dejar de brindar ayuda. Solo debemos de ser
cuidadosos y ser sensibles a las instrucciones del Espíritu Santo.
No somos nosotros
los héroes del mundo, somos los instrumentos del único que puede salvar a este
mundo a todos aquellos que necesitan ayuda: “Dios”.
En una ocasión un hermano en la fe, me pregunto que si era valido
negarle la ayuda a una persona que ya anteriormente le había tomado el pelo (lo
había engañado), pues con el pretexto de que la Biblia dice que “Al que te pidiere, dale; y al que quisiere
tomar de ti prestado, no se lo rehúses”. Mateo
5:42, estaba pidiendo que le
prestara cierta cantidad de dinero. Esta escritura es cierta, como todo en la Biblia , lo que es necesario
saber es que aquel que pide prestado está obligado a pagar lo que pidió, de
manera que si aquel que exige que se cumpla obtener, también debe cumplir para
pagar, y si no lo hace, tampoco es bueno para recibir.
El apóstol Juan
dijo al respecto lo siguiente:
“Si alguien os
visita y no lleva esta enseñanza, no lo recibáis en casa ni le deis la
bienvenida,
Pues quien le da la bienvenida se hace cómplice de sus
malas obras”.2 Juan 2:10-11
Cierra tus puertas,
se vigilante a quien permites pasar a tu casa, y no solo a quien, sino también
vigila a “que” le permites pasar a casa.
5.- El que respeta tu vida.
El Dr. Mike
Murdock, da una enseñanza muy cierta: “La
persona que no respeta tu tiempo, no respeta tu vida”. Por muchos años he
visto a siervos de Dios que invierten su vida tratando de ayudar a otras
personas, que la parecer la necesitaban, y pasan mucho tiempo con ellos
tratando de enseñarles acerca de la palabra, y tratando “convencerlos” de
seguir a Cristo y cambiar su estilo de vivir. Es muy desgástenle invertir el
tiempo en aquellos que no quieren cambiar. No pretendamos hacer la labor del
Espíritu Santo al querer convencer con nuestras palabras, y con nuestra buena
voluntad a aquellos que lo único que quieren de tu vida es desgastarte.
Cuando seas
hospedador y recibas a alguien en casa para ayudarle, observa que esa persona está
dispuesta cambiar su manera de pensar para cambiar su estilo de vida.
“No vivan según el
modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios cambie su vida con una nueva manera
de pensar. Así podrán saber lo que Dios quiere para ustedes y también lo que es
bueno, perfecto y agradable a él”. Romanos
12:2
Invierte tu tiempo,
tu esfuerzo y tu dinero en ayudar a otros, en ser hospedador y recibir al
necesitado, y declara la palabra de restauración y de avivamiento a la vida de
quien lo necesite, no dejes pasar la oportunidad de hacerlo. Y administra tu
vida para ello. Recuerda que el convencimiento lo da Dios por medio de su Santo
Espíritu. Nadie por más necesitado que este, puede robarte tu tiempo. Si esa
persona está valorando lo que tú haces por él o ella, seguramente veras un
cambio en su vida, y sabrás que no ha sido en vano tu labor.
Es tiempo que la Iglesia brille por su
hospitalidad, es tiempo de que seamos perseverantes en ayudar al necesitado, es
teimpo de romper con lso muros de aislamiento que ha tenido a la iglesia
escondida en sus cuatro paredes y que impiden que los que afuera gimen de dolor
y necesidad no puedan verla. Somos un pueblo bendecido por Dios, y si en algún
momento alguien hizo lago por nosotros, ahora hagámoslo con sabiduría y
brindemos nuestra casa a quien lo necesita.
Digamos con
sabiduría y convicción: ¡MI CASA, TU CASA!
Bendiciones y hasta
pronto.
Axayacatl Macedo
Martínez.



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Gracias por tu comentario, recuerda que tus palabras edifican o destruyen, te animamos a que seas una persona que edifica. Bendiciones.