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MI CASA, TU CASA

MI CASA, TU CASA
Axa Macedo Martínez
06 de julio del 2009
¡Bienvenidos a esta su casa!, estas fueron las palabras que escuche cuando llegamos de visita a la casa de unos hermanos en la fe, que recién mi esposa y yo empezamos a visitar. Ellos tienen poco tiempo de conocer de Cristo, pero están sumamente convencidos de seguir a nuestro amado Señor. Es de mucho gozo, para un siervo del Señor ser bienvenido a una casa, y sobre todo que se reciba la palabra de Dios en una familia.

En estos últimos meses, dentro de nuestro ministerio, estamos observando las maravillas de nuestro amado Señor Jesucristo en las vidas de cada familia y de cada miembro de ellas. La restauración de los matrimonios, la sanidad de los corazones, el cambio financiero y por supuesto la convicción de fe en Cristo Jesús. Gloria a Dios, pues su palabra tiene cumplimiento siempre. 

Ser bienvenido a casa es de ánimo y buen sentir, pues sabes que hay un lugar donde eres bienvenido. Es como que después de un largo día de caminar y andar en medio de una gran batalla cotidiana, sabes que hay un hogar a donde volver y descansar de esta dura batalla que se vive fuera. Saber que hay un refugio que te espera para recobrar nuevas fuerzas y volver a salir el siguiente día, para volver a la batalla.

Pero se ha vuelto tan común decir: “mi casa que es tu casa”, o también decir “esta mi casa, que es su pobre casa”; como un acto de buenos modales y de educación, como parte del protocolo social, el ofrecer tu casa a alguien más.

¿Que es lo que realmente ofrecemos o se nos ofrece cuando se nos brinda una casa? La gentileza y la buena educación nos ha hecho descuidar este aspecto y nos ha llevado a recibir en casa cantidad de problemas que no sabemos ni de donde han venido. ¿Esta nuestra casa lista para recibir todo lo que llega?, y si no lo está, preparémonos pues, pues no deberíamos cerrar las puertas, quizás sin saberlo hemos hospedado ángeles. “No os olvidéis de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles Hebreos 13:2”.

Hoy quiero compartir con ustedes amados amigos, hermanos y lectores, respecto a este tema; ¿con quién estamos dispuestos a compartir nuestra casa?, y sobre todo ¿a quien le damos la bienvenida a casa?, alistémonos para ser hospedadores, pero con sabiduría, sin hacer acepción de personas, pero cerrando las puertas la mal.

Conozcamos más el concepto bíblico de hospitalidad:

HOSPITALIDAD: En el oriente se ha considerado desde siempre como un sagrado deber acoger, alimentar, alojar y proteger a todo viajero que se detenga delante de la tienda o del hogar.

El extraño es tratado como huésped, y los que de esta manera han comido juntos quedan atados por los más fuertes lazos de amistad, confirmados por mutuos presentes y pasados de padre a hijo.

La ley de Moisés recomendaba la hospitalidad:

“Al contrario, tratadlo como si fuera uno de vosotros. Amadlo como a vosotros mismos, porque también vosotros fuisteis extranjeros en Egipto. Yo soy el Señor y Dios de Israel”.
Levítico 19:34

que era también para los griegos un deber religioso.

La manera actual de actuar entre los árabes es algo que recuerda las más antiguas formas de hospitalidad hebrea. Un viajero puede sentarse ante la puerta de alguien que le es perfectamente desconocido, hasta que el dueño de la casa le invite a cenar. Si prolonga su estancia por algo de tiempo, no se le hará pregunta alguna acerca de sus intenciones; podrá partir en cuanto quiera sin más pago que un «¡Dios sea contigo!».

Con el crecimiento de la población hebrea se vio la apertura de numerosos mesones, pero la hospitalidad familiar persistió igual.

Hay en la Biblia numerosos ejemplos de ellos. Demostrando la importancia de ser hospedador. En el nuevo Testamento el Señor Jesucristo platica una historia acerca de un hombre que no le importó la ley de la hospitalidad.  El rico malvado de Lucas 16:19-25.

En el griego, el término «hospitalario» es «philoxenos», que significa amigo de los extraños; veamos dos ejemplos donde se utiliza este vocablo:

“sino hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo,” Tito 1:8

“Sed hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones”. 1 Pedro 4:9

La hospitalidad es «philoxenia», amor a los extraños, dice la Biblia al respecto:

“contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad”. Romanos 12:13

“No os olvidéis de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” Hebreos 13:2.

 Este deber es tanto más llevadero cuanto que le acompaña una maravillosa promesa, los hebreos (el pueblo escogido por Dios) y los cristianos del primer siglo, sabían que una instrucción con promesa, siempre tiene cumplimiento en su bendición, y practicaban la hospitalidad sabiendo que en ello también estaba su bendición:

“El que os recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta como profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo como justo, recibirá recompensa de justo. Y cualquiera que como discípulo dé de beber aunque sólo sea un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, en verdad os digo que no perderá su recompensa”.
Mateo 10:40-42.

Habiendo leído lo anterior, podemos decir entonces que ser hospitalario, y recibir a otros en casa es una bendición. Pues esto es cierto, pero es necesario saber que debemos de prepararnos para poder brindar la hospitalidad a quienes lo necesiten.

No es necesariamente tener a la gente en casa, durante tiempo indefinido para ser hospitalario y cumplir con esta instrucción del Señor. Como ya vimos, ser hospitalario (philoxenos) es ser amigo de los extraños; nuestra hospitalidad se ve reflejada en todos los actos de nuestra vida.

Estos son 7 puntos acerca de las características de un hospedador

1.- Yo y mi casa.

Antes de abrir las puertas de tu casa a quienes lo necesitan, es necesario que te prepares. Y en lo primero que tienes que prepararte es en definir a quien vas a servir, porque no podemos servir a dos señores, es por ello que Josué, un hombre de Dios, habla a la nación de Israel y define claramente cual es su postura ante Dios:

“Si no desean servir al Señor, decidan hoy a quien servirán, ya sea a los dioses a los que sus antepasados servían al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra viven. Pero yo y mi familia serviremos al Señor”.
Josué 24:25

Cuando en una familia, u hogar, tienen muy bien definidas sus convicciones, y ha decidido servir a Dios, no serán conmovidos por las circunstancias; y mucho menos por los comentarios de quienes se acerquen a sus vidas.

La nación de Israel era conocido por su disposición para hospedar, pero se olvidaban de los mas importante: “amar a Dios sobre todas las cosas”. De manera que podemos en las palabras de Josué, que la nación había distraído su atención a los dioses falsos de las otras naciones. Pudieron haber sido los más hospitalarios de su tiempo, pero desviaron su convicción. Por eso es necesario establecer bien en claro la decisión de servir y seguir a Cristo.

En su tiempo, buscaremos hospedar o ayudar a otras personas que sabemos necesitan de Dios, pero ellos quizás no tengan la mas pequeña intensión de recibirle, y si nuestras convicciones no son claras, seremos movidos en nuestra fe.

Decidir seguir y servir a Dios, es lo que determinara, la firmeza en nuestra disposición para ser hospedadores. He visto a muchas personas que en su afán de hospedar, no habiendo definido su convicción, terminan heridos y lastimados por sus huéspedes, y al final culpan a Dios por lo que les ha sucedido. O todo lo contrario, al querer hospedar y hacerlo solo por reconocimiento humano, sin tener convicciones firmes, se vuelve un arma de dos filos que puede lastimar al huésped.

Preparemos para ser hospitalarios, y preparemos a nuestra familia al respecto. Josué dijo: “yo y mi casa”, si has decidido seguir a Cristo, oremos para que sea nuestra casa entera la que decida hacerlo también.

2.- Edifica tu casa

Cuando pensamos en formar un hogar, sabemos que es un arduo trabajo que se consigue en equipo. En el matrimonio es importante estar de acuerdo para poder caminar juntos hacia un mismo propósito: “construir un hogar feliz”

Por esta razón es que debemos de ocuparnos en edificar nuestro hogar. Y debemos empezar desde tener los cimientos correctos, y levantar un hogar que perdure. El Señor Jesucristo enseño a través de una parábola acerca de edificar con los cimientos correctos, enseñando que el que pone por obra (es decir, que hace) lo que la palabra de Dios dice, entonces es un hombre sabio que edifico correctamente su casa (Mateo 7:24-29).

Tenemos que establecer los cimientos correctos, pongamos por obra las palabras de nuestro Señor Jesucristo, seamos sabios y entendidos que esto hará de nuestra casa, un hogar más firme y duradero.

“Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará”; Proverbios 24:3

Cuando hablamos de ser hospedador, es necesario utilizar la sabiduría y la prudencia, y saber que no a todas las personas podemos brindarles nuestra total confianza para recibirlos con tanta libertad. No estoy diciendo que debemos hacer acepción de personas, no me refiero a eso, sencillamente quiero decirle a usted amado lector, que Dios le ha dado la sabiduría para cuidarse de aquellos que con apariencia de ovejas pero que solo son lobos rapaces listos para destruir su hogar.

La palabra de Dios es nuestro mejor manual de sabiduría para toda la vida, son palabras de vida para todos aquellos que han decidido ponerlas por obra, siendo hacedores de ella y no solamente oidores.

¿Cuáles son tus cimientos en casa?, ¿sobre que estas edificando a los tuyos?

3.- El invitado especial.

Aquellos que ha recibido a Cristo en su corazón, saben que quien habita su vida y reina en su ser es nuestro amado Señor Jesucristo, y que Él siempre será nuestro invitado especial.

Esto es maravilloso, saber que tenemos un salvador, que ha prometido estar todos los días con nosotros hasta el fin del mundo.

Pero me parece irónico, que Aquel que gobierna nuestra vida, no sea bienvenido a nuestro hogar. Cuando estamos esperando a un invitado en casa, procuramos tener en orden la casa, preparamos los mejores alimentos, damos instrucciones a los niños para que tengan su mejor comportamiento, y reservamos el mejor lugar para él. Pero Jesucristo quiere estar en nuestra casa todos los días, Él quiere venir y habitar en nuestro hogar, formando parte de lo que acontece cada día, no solo en los sucesos de ocasión.

Él está llamando a la puerta, no solo del corazón, sino a la de tu hogar, ha decido estar contigo todos los días de tu vida, has visto cómo puede transformar tu vida, seguramente también puede hacerlo en tu casa, pues lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios. Lo que necesita ser ajustado, se ajustará a su voluntad.

Ya están a tu disposición los mensajes de audio del Pastor Axa Macedo. Escríbenos a las oficinas del Ministerio y con gusto responderemos,
 
 “He aquí, que yo estoy parado a la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz, y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apocalipsis 3:20

Querido amigo y lector, si tú no has abierto tu corazón a Cristo, y te gustaría hacerlo ahora, repite ahora mismo esta oración: “Amado Señor Jesucristo, vengo delante de ti para pedirte me perdones de todos mis pecados, me arrepiento de ellos, te pido me laves y me des vida nueva. Renuncio a mi vieja manera de vivir. Te entrego mi vida, mi corazón y te recibo en él como mi Señor y mi Salvador, Dame la vida eterna. En el nombre de Jesucristo, Amén”.  


4.- Cierra tus puertas.

Hemos estado hablando acerca de ser hospitalarios, y de ayudar a aquellos que lo necesiten. Pero también he dicho acerca de ser sabios y prudentes.

El ser hijo de Dios, no nos hace ser vituperados por quien no quiere ser ayudado y mucho menos creer en Cristo.

En muchas ocasiones suceden daños a quienes han decidido brindar su ayuda a otras personas, por causa de que la supuesta persona desvalida, no resulto serlo tanto, y por ello toman ventaja de los hijos de Dios, que tratando de cumplir con el mandato de ser hospedador y de ayudar al desvalido son timados, engañados y en algunos casos robados. Si este es tu caso, no te sientas mal, te garantizo que no eres el único. Esta no es una razón para dejar de brindar ayuda. Solo debemos de ser cuidadosos y ser sensibles a las instrucciones del Espíritu Santo.

No somos nosotros los héroes del mundo, somos los instrumentos del único que puede salvar a este mundo a todos aquellos que necesitan ayuda: “Dios”.

En una ocasión un hermano en la fe, me pregunto que si era valido negarle la ayuda a una persona que ya anteriormente le había tomado el pelo (lo había engañado), pues con el pretexto de que la Biblia dice que “Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehúses”. Mateo 5:42, estaba pidiendo que le prestara cierta cantidad de dinero. Esta escritura es cierta, como todo en la Biblia, lo que es necesario saber es que aquel que pide prestado está obligado a pagar lo que pidió, de manera que si aquel que exige que se cumpla obtener, también debe cumplir para pagar, y si no lo hace, tampoco es bueno para recibir.

El apóstol Juan dijo al respecto lo siguiente:

 “Si alguien os visita y no lleva esta enseñanza, no lo recibáis en casa ni le deis la bienvenida,
Pues quien le da la bienvenida se hace cómplice de sus malas obras”.2 Juan 2:10-11

Cierra tus puertas, se vigilante a quien permites pasar a tu casa, y no solo a quien, sino también vigila a “que” le permites pasar a casa.

5.- El que respeta tu vida.

El Dr. Mike Murdock, da una enseñanza muy cierta: “La persona que no respeta tu tiempo, no respeta tu vida”. Por muchos años he visto a siervos de Dios que invierten su vida tratando de ayudar a otras personas, que la parecer la necesitaban, y pasan mucho tiempo con ellos tratando de enseñarles acerca de la palabra, y tratando “convencerlos” de seguir a Cristo y cambiar su estilo de vivir. Es muy desgástenle invertir el tiempo en aquellos que no quieren cambiar. No pretendamos hacer la labor del Espíritu Santo al querer convencer con nuestras palabras, y con nuestra buena voluntad a aquellos que lo único que quieren de tu vida es desgastarte. 


Cuando seas hospedador y recibas a alguien en casa para ayudarle, observa que esa persona está dispuesta cambiar su manera de pensar para cambiar su estilo de vida.

 “No vivan según el modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios cambie su vida con una nueva manera de pensar. Así podrán saber lo que Dios quiere para ustedes y también lo que es bueno, perfecto y agradable a él”. Romanos 12:2

Invierte tu tiempo, tu esfuerzo y tu dinero en ayudar a otros, en ser hospedador y recibir al necesitado, y declara la palabra de restauración y de avivamiento a la vida de quien lo necesite, no dejes pasar la oportunidad de hacerlo. Y administra tu vida para ello. Recuerda que el convencimiento lo da Dios por medio de su Santo Espíritu. Nadie por más necesitado que este, puede robarte tu tiempo. Si esa persona está valorando lo que tú haces por él o ella, seguramente veras un cambio en su vida, y sabrás que no ha sido en vano tu labor. 

Es tiempo que la Iglesia brille por su hospitalidad, es tiempo de que seamos perseverantes en ayudar al necesitado, es teimpo de romper con lso muros de aislamiento que ha tenido a la iglesia escondida en sus cuatro paredes y que impiden que los que afuera gimen de dolor y necesidad no puedan verla. Somos un pueblo bendecido por Dios, y si en algún momento alguien hizo lago por nosotros, ahora hagámoslo con sabiduría y brindemos nuestra casa a quien lo necesita.

Digamos con sabiduría y convicción: ¡MI CASA, TU CASA!

Bendiciones y hasta pronto.


Axayacatl Macedo Martínez.


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