#07. CRISTIANOS Y EL MEDIO
AMBIENTE.
Me parece muy importante que el tema se ponga sobre la mesa
en los diferentes círculos cristianos, pues definitivamente son temas que damos
por “obvios”, pero que realmente desconocemos mucho (y me incluyo en esta
ignorancia), pero siempre he tenido una opinión al respecto que es la manera
como respondo al tema, y considero tres puntos a tomar en cuenta, pero con
honestidad les digo que ahora mismo me cuestiono al respecto. Así que estas son
mis tres líneas de pensamiento en relación a este particular:
1) 1.- El ser humano es responsable. Somos
llamados a ser buenos mayordomos de lo que tenemos en las manos, en nuestras vidas
y a nuestro alcance; de todo lo que Dios nos ha dado, nos ha hecho responsables
de ser buenos mayordomos para
administrarlo de manera correcta y aprovechar de la riqueza que esta vida y
esta tierra tienen para todas las personas. Tiempo, salud, familia, recursos
naturales, etc.
Definitivamente la negligencia de la
humanidad le asigna una responsabilidad al ser humano, por las condiciones
actuales de la tierra.
Y este Adán caído (la humanidad actual),
requiere de la redención que Dios ha provisto por medio de Jesucristo, algo
mismo que provoca no solo la salvación de la humanidad, sino también la
transformación de la mente. Por lo que nuestra responsabilidad por el medio
ambiente no será asimilada y no será ejecutada correctamente, en nuestras
propias capacidades, sino que requerimos de está redención.
Somos responsables, pero negligentes. Y solo
hasta que seamos redimidos podremos ver el Plan de Dios, y ejerceremos nuestra
mayordomía de manera eficaz y eficiente. El cristiano debe ser ejemplo de está
redención (y transformación), y por tanto, testimonio de cuidado a nuestro
entorno.
Romanos 8:19 (DHH)
“La creación espera con gran impaciencia
el momento en que se manifieste claramente que somos hijos de Dios”.
2) 2.- La maldad se ha multiplicado. Podemos
ver que, de generación a generación esto acontece y con ello nuestra
incapacidad de ser buenos mayordomos de todo cuando Dios nos ha dado. No
debería sorprendernos que la maldad se multiplica cada vez más, y lo digo en el
sentido de la misma advertencia que el Señor Jesucristo nos da en Mateo24:12, una advertencia que hoy es
más claro su cumplimiento. La codicia, la ambición, el egoísmo, el amor al
dinero y al poder, esto y más, ha provocado que no sean tomados en cuenta los
principios y las formas que Dios había establecido desde Su Cosmovisión para el
funcionamiento de este mundo, sus recursos naturales y la sociedad.
Dar tiempo a la tierra cada 7 años para su
recuperación, la buena mayordomía, no amar el dinero, tener amor al prójimo,
etc., estos son principios que Dios deja como fundamentos para que todos
podamos disfrutar de todo lo que Él nos ha dado. Pero la maldad,
definitivamente ha traído como consecuencia una destrucción de nuestro mismo
entorno. La maldad no necesita
exclusivamente de destruir ella misma la creación de Dios, solo necesita provocar
en nuestros corazones una ambición personal o una indiferencia de lo que sucede
en nuestro entorno.
Salmos 36:1-4 (DHH)
“La maldad habla al malvado en lo íntimo de su corazón. Jamás tiene él
presente que hay que temer a Dios. Se cree tan digno de alabanzas, que no
encuentra odiosa su maldad. Es malhablado y mentiroso, perdió el buen juicio,
dejó de hacer el bien. Acostado en su cama, planea hacer lo malo; tan aferrado
está a su mal camino que no quiere renunciar a la maldad”.
3) 3.- Cielo nuevo y tierra nueva. Siempre
es más conveniente que venga alguien más a recoger nuestro tiradero, que corrija
nuestros errores y sobre todo que no haya consecuencias. Uno de los momentos
más felices de mi vida, fue el día que recibí a Cristo en mi corazón. Sobre
todo cuando escuche decir al Pastor que estaba orando por mí: “las cosas viejas pasaron, se convirtieron
el algo nuevo… (2Corintios 5:17)”. Estás eran las palabras que quería
escuchar, finalmente “Alguien” se haría cargo de todas mis fallas.
Somos, de alguna manera muy extraña,
quienes nos equivocamos, destruimos, fallamos a Dios… culpamos a todos por lo
que sucede (personas, gobierno, ricos o pobres), pero no reconocemos que somos
nosotros responsables… no aceptamos las consecuencias de lo que hemos hecho… y
finalmente esperamos que Dios aparezca para hacer un borrón y cuenta nueva. Y
entonces gritamos desesperados y en protesta: “ESTAMOS DESTRUYENDO AL PLANETA”,
pero solo nos basta con ser parte de la defensa de una “ideología ecologista”;
pero nos asumimos la responsabilidad de ser el ejemplo de cambio desde lo más
sencillo, ni desde lo más íntimo: nuestro hogar. Peleamos en redes sociales por
la defensa del “idealismo ecológico”, pero aun somos una sociedad consumista.
Por supuesto que creo que para Dios nada
hay imposible, y bien podría Dios darnos “un cielo nuevo y una tierra nueva”
sin ningún impedimento. Y la gran mayoría de los creyentes en Jesucristo,
vivimos esperando que este día suceda.
Pero, ¿Y nuestra responsabilidad?,
¿Habremos aprendido la lección para cambiar nuestros comportamientos?... pienso
que como un niño pequeño, al que nunca se le enseña a recoger los juguetes que
tira mientras juega, este pequeño crecerá siendo un adulto irresponsable que
espera que alguien más recoja su tiradero.
Definitivamente, Dios ha demostrado que
puede regenerar las capacidades de la tierra y reconstruir este mundo para
nosotros, vemos sembradíos en los desiertos, ríos que recuperan sus cauces,
lluvias que nutren nuevamente los mantos acuíferos, etc. Pero la maldad sigue
deforestando bosques enteros, la codicia impulsa la minería desmedida aunque
contaminen la tierra, la vanidad nos incita a comprar hasta lo que no
necesitamos tan solo por tenerlo.
Romanos 12:9-12
“Ámense
sinceramente unos a otros. Aborrezcan lo malo y apéguense a lo bueno. Ámense como hermanos los unos a los otros,
dándose preferencia y respetándose mutuamente. Esfuércense, no sean perezosos y
sirvan al Señor con corazón ferviente. Vivan alegres por la esperanza que
tienen; soporten con valor los sufrimientos; no dejen nunca de orar”.
Finalmente, puedo decir que como hijos de Dios si debemos
hacernos responsables de ejercer una buna mayordomía del medio ambiente. Siendo
conscientes que está en nuestras manos ser luz para quienes están en tinieblas.
Y debemos ser más que una voz que grita a favor de ideologías pro-ecologismo,
más bien ser Señores de este mundo, como para enseñorearnos, como para
protegerlo.
Saludos y bendiciones siempre.
Axa Macedo Martínez.
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